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miércoles, 25 de febrero de 2015
miércoles, 18 de febrero de 2015
Introducción
EDUCAR PARA TRASCENDER
Si quieres un año de prosperidad, planta arroz.
Si quieres 10 años de prosperidad, planta árboles.
Si quieres prosperidad para siempre, educa un pueblo
(Proverbio Chino)
El
educar a una sociedad para la vida, constituye un complejo, arduo y
difícil trabajo al ser un deber fundamental para el hombre y más al
borde de una sociedad cada vez más compleja que necesita jóvenes
mayormente preparados, concientes, con ideales y valores bien definidos,
siendo capaces de afrontar los retos del presente y del futuro con una
identidad segura y propia de una buena cultura.
La
civilización está basada en la trasmisión del conocimiento de persona a
persona y de una generación a otra. Sin la preservación del
conocimiento, cada persona y cada generación tendrían que comenzar desde
cero. Obviamente, de esta manera no hubiera habido progreso alguno y el
hombre nunca hubiera salido de las cavernas, quizás y nunca hubiera
alcanzado el título de Homo sapiens. El hombre avanza porque cada nueva
generación puede heredar y de esta manera obtener los conocimientos de
sus predecesores y usarlos como punto de partida para seguir generando y
acumulando más conocimientos aún más avanzados. He aquí la importancia
de educar y más que esto, de “saber educar” a las generaciones.
Pitágoras se refería a la educación de la siguiente manera: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Aquí cabe destacar que la
familia es la mejor escuela de buenas costumbres y buen comportamiento.
Bien se dice que la familia es la base del ser humano, es donde se le
proporcionan virtudes y actitudes elementales y vitales para su completo
bienestar, y es en la escuela donde se aplican esas aptitudes y
actitudes en la vida diaria, es donde pasa gran parte de su tiempo, allí
aprende realmente a compartir, a trabajar en equipo, a escuchar, a
respetar, a conciliar y a dirigir, conoce por primera vez problemas
reales y es donde verdaderamente conoce el camino hacia el bien o hacia
el mal. Es decir, mediante el proceso educativo y una familia como apoyo
incondicional, construiremos una sociedad más justa y equitativa, en
donde se nos haga entrega de la riqueza cultural asegurando así nuestra
propia existencia.
Alfonso
Rojas Pérez Palacios en su libro “Educar para la libertad” dice lo
siguiente “La educación y la cultura tienen relaciones indisolubles. La
naturaleza universal y dinámica de la cultura se hace posible merced a
la educación. La educación es el medio que hace llegar la cultura a los
hombres; es la vía por la cual los hombres son los personajes de la
cultura; en suma, la educación es el vínculo de la cultura”.(1) Aquí lo
que nos quiere decir el autor, es que los hombres somos los creadores de
la cultura, mientras la educación es el instrumento de transmisión
cultural.
La problemática que rodea
a la educación es sin duda responsabilidad tanto del alumno como del
profesor, no se debe señalar como culpable sólo a uno de ellos. El
maestro es responsable de transmitir la cultura; el alumno es el
responsable de ponerla en práctica. Intervienen muchos aspectos en esta
grave situación como la familia, personalidad y cultura de cada
individuo. La base esta en hallar cómo hacer que los estudiantes
entiendan la importancia de la escuela y en que los maestros comprendan
la importancia de entender y saber dirigir a los estudiantes.
Suena
irracional, el hecho de que aún en estos momentos se siga viendo una
educación meramente informativa, que al alumno se le llene de
información, y que ésta no sea comprendida porque no se le enseñó a
“saber hacer”. Veamos lo que dicen los filósofos de hace tiempo.
Aristóteles decía: "Lo que tenemos que aprender lo aprendemos haciéndolo.". Por su parte Platón: "El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara y no siembra."
Aprender
significa incorporar algo desconocido al acervo que cada uno tiene en
su inventario personal de herramientas con las que cuenta para dominar
algún aspecto de la realidad. Lo desconocido implica una cuota de
riesgo, de aventura, de esfuerzo y de satisfacción posterior cuando uno
comprueba que superó el obstáculo. Estas emociones: temor, desafío,
desconcierto, confusión, alegría están vinculadas al aprendizaje en
cualquier orden de la vida.
La escuela tiene por propósito armar dispositivos de enseñanza sistemática, útiles y aplicables en nuestra vida diaria.
La escuela tiene por propósito armar dispositivos de enseñanza sistemática, útiles y aplicables en nuestra vida diaria.
Sin asomo de duda, la educación no puede retroceder pues constantemente
estamos progresando en todos los ámbitos: tecnológico, científico y
cultural. Todo avanza hacia mejores fines pero no es completamente
aprovechado.
Las
condiciones de la vida actual son el resultado de los conocimientos con
los que estamos operando nuestras vidas. Para tener más y mejores
resultados, es esencial tener más y mejores conocimientos.
Es
cierto que en la actualidad vivimos en una corriente de aguas bravas,
pero hay que estar seguros que podemos dar aun más si realmente queremos
dar más, se sabe firmemente que el mejoramiento puede ser mayor.
La generalidad de personas tenemos hambre y sed de conocimientos,
conocimientos que nos son algunas veces limitados por la monotonía de
nuestros educadores, lo insulso de nuestra educación y los insuficientes
buenos hábitos desde la familia.
Se necesitan alumnos con ahínco y esmero, y los demás, tomar medidas para
el mejor funcionamiento de nuestra educación; verdadera preparación y
vocación en el cuerpo docente que como difusores culturales den sentido y
rumbo cierto a la juventud; tecnología aplicada en el sector educativo
institucional; mayor comunicación e interés por los proyectos, triunfos y
deficiencias de nuestro entorno y una familia en verdad dispuesta.
(1) Alfonso Rojas Pérez Palacios “Educar para la libertad” . México DF, 1996 , Pág. 119. Enviado por:
Maybeth Kareli Castro Duarte
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